Sin título (2019)

Gilda Mantilla

Sobrantes de corte láser en acrílico
50 x 35 cm

Nuevos errores

Uno diría que parte del trabajo individual de Gilda Mantilla ha sido siempre el acercamiento a los excedentes; a los restos, como a veces le dice la artista al material sobrante que queda de elaboraciones de obras previas y que luego reutiliza, o bien almacena, e incluso atesora.

Ese acercamiento a estos restos simula por momentos ser exclusivamente el aprovechamiento de materiales, pero en realidad hay una vinculación emotiva y crítica con ellas, como una suerte de conciencia de que los restos y desechos son el testimonio huérfano de algo que se quedó en el camino y el proceso de la obra. En Mantilla ese desecho es un testimonio que pertenece al orden de la confección del producto final, pero que lo excede literal, valiosamente, y que a la vez es su contrario y también su Otro.

[…]

De ahí que en toda esa indagación en los restos, excedentes y desechos no es sorprendente que surja también el hálito de nostalgia, extrañeza y melancolía que recorre el pensamiento y obra de Mantilla. El fragmento, la sobra y el archivo comparten en ese aspecto de su obra, un interés por el pasado de una totalidad hecha pedazos a la que oscura y constantemente refieren. No obstante, al menos en el recorrido de Mantilla, la referencia del desecho y sus fragmentos no buscan ni precisan una catalogación, ni persiguen la invención de una gramática particular, ni tampoco un sentido en medio del surgimiento de siluetas y formas que son los bordes sobrantes de un orden ido, pero aludido.

El mundo astillado de donde provienen las piezas de esta muestra se remonta al ejercicio de calar y recortar superficies plásticas para producir esténciles -un formato que Mantilla ha venido realizando ya desde hace algún tiempo con su compañero Raimond Chaves-. Pero en algún momento, Mantilla ha querido enfatizar el verdadero orden de valoración de este proceso y ha afirmado que los restos son su ganancia. En un sentido directo, esto quiere decir que el valor de la pieza está en todo aquello que se la ha recortado, incluso cuando es un “falso esténcil”, de esos hechos de un material demasiado grueso y que en realidad no sirven para reproducir ilimitadamente una silueta con ayuda de un brochazo o de un spray, sino que son el soporte mismo que contiene la silueta que resulta así única e irreproducible. Parece simple, pero creo que al ubicar dónde está su ganancia como artista, Mantilla sospecha que la complejidad de este proceso es que el fragmento es un signo que va a contrapelo de la pieza misma y que como desecho es crítico y es además múltiple. Su concentración en el fragmento sobrante alude así a ese orden que expulsa todo aquello que no forma parte de su proceso de acumulación y de consumo. Y por eso, uno diría que a la demanda del signo tranquilizador que constituye el producto completo, Mantilla entrega los restos y, tras ellos, las visiones expectantes de una forma crítica de mirar entre los escombros. Y que al igual que en un esténcil, aquello que se ha obliterado de ese molde es justamente el vacío por el que se puede ver.

 

Rodrigo Quijano