Radianes (Urbanización Pablo VI) (2018)

Colectivo Maski

Cianotipo sobre papel de algodón
70 x 100 cm

Radianes

La modernidad, uno más de esos grandes proyectos civilizatorios, aterrizado a medias en América Latina nos ha dejado un legado que destaca por la imperfección de sus buenas intenciones. La gran enseñanza de los modelos prestados de Occidente es que nunca terminan por encajar del todo en medio de naciones a medio terminar. Por fortuna para nosotros, los grandes planes piloto no son otra cosa que una anécdota jamás cumplida y sobre la que no existe mayor consenso en la actualidad.

Lo que nos queda son unos cuantos ejemplos elegantes que se destacan sobre el cinturón de edificaciones atropelladas y autoconstruidas, las cuales ofrecen un panorama alentador respecto de la recursividad de quienes no se quedan esperando las decisiones informadas del arquitecto de turno. Entre el mundo idealizado del diseño y la materialización de la precariedad, Bogotá se define en el intermedio de múltiples sueños que tienden a incluir alguna cuota de pesadilla.

De entre ellas quizás sean mayormente conocidas aquellas que aquejan a la población asentada en zonas de riesgo. Sin mayor consideración por la normativa o por la inconveniencia, los pueblos que desaparecen por avalanchas y desbordamientos son reconstruidos por poderes estatales que producen desde planos nuevos urbanismos que posteriormente quedan a merced de ser derribados por la contratación publica. En general suele tratarse con empatía a aquellos que pierden su casa, porque en ella se representa el estadio inicial del bienestar, el mínimo común denominador mediante el cual se puede luchar contra la pobreza, legalizar el barrio, acceder a la tierra, tener agua y servicios públicos como indicadores de avance en la escala social.

Adquirir deuda, historia crediticia, pagar cuota inicial, tener respaldo, avales bancarios, consolidar un nuevo peldaño del imaginario ciudadano, la irónica tragedia se asoma de vez en vez y hace un guiño maldito a quien tiene la mala suerte de ser víctima de la imperfección moderna. El edificio está mal construido, mal ubicado, ha sido vendido inescrupulosamente por piratas, fue ubicado sobre un lecho lacustre o es vecino de un nuevo y más grande edificio que evidentemente afecta su estructura. En la colección de los gestos del sarcasmo ningún otro como tener que vivir en un edificio torcido, presa de las propias decisiones y de las circunstancias, sin mayor alternativa que esperar y aprender a acostumbrarse a las condiciones obligadas de un plano cartesiano alterado por el error.

Si fuera necesario representar la modernidad en la clave de la tragedia de su propia imperfección, si fuera necesario dar cuenta de la esclavitud propuesta por la valorización de la vivienda, el bloque inclinado de vivienda sería la mejor caricatura de su propio propósito, como si hubiera sido diseñado adrede para castigar con una dosis mínima de pesadilla la experiencia del mundo. Una sutil incomodidad que te recuerda a todo momento que hay cosas de las que seguramente es difícil escapar, y que son sobretodo, como las palabras ya dichas, imposibles de corregir.

Como si fueran una decisión previa, estipulada en alguna oficina de diseño, la imágenes de estos sutiles errores tienen el aspecto de una heliografía, la técnica de copiado mediante la cual se hacían reproducciones de los planos de arquitectura y construcción previa la aparición de los archivos e impresoras digitales. Estos blueprints, que son en realidad cianotipos, presumen de parecer material de archivo, como si en ellos estuviera guardado el registro de un tiempo de idealismo arquitectónico. Sin embargo cada una de las imágenes da cuenta de un edificio o complejo habitacional construido en algún momento del siglo XX, entre ellos, algunos hitos modernos como el CUAN o Pablo VI, edificios que a pesar de su diseño inteligente y funcional no lograron superar la prueba del tiempo. Aun cuando siguen en uso, se caracterizan más por estar inclinados que por pertenecer a un movimiento de arquitectura globalista. Nadie responderá por su reconstrucción, ninguna póliza de seguro será transada en nombre de quienes deben ajustar su oído para poder convivir con las extrañas condiciones del espacio en el que viven, y que evidentemente deben soportar, pues en estos casos, más comunes de lo que quisiéramos, se conjugan la mala suerte del propietario, las malas decisiones del planeador urbano, la contingencia de las ciudades y sus sustratos de construcción, y, sobre todo, la triste imperfección de las utopías.

Colectivo Maski

Exposiciones

Publicaciones

· NC-arte 2018 (catálogo). 2019. NC-arte: Bogotá, Colombia
· “Falto de palabra”. 2018. Terremoto (abril 14, 2018)