Gabriel Mejía Abad | El sueño de la razón produce monstruos

 


Poltergeist

Uno mete la llave para abrir la puerta, porque uno tiene una puerta que mantiene la casa cerrada. Esa puerta se abre cuando giramos la llave con la mañita que nos sabemos y que no es girar a secas, sino la comunión de nuestra mano con esa estructura de protección que mantiene seguras nuestras posesiones y la certeza de que eso que llamamos hogar no alberga peligros, sinsabores o adversidades.

Mantener segura la certeza. A eso es a lo que llamamos razón. Esa razón no alberga dudas, o no al menos a priori. Uno sabe que si mete la llave y la gira con la maña que a otros les cuesta pero a uno no, la puerta se abre. Como dice el cerrajero, seguro mató a confianza y, hablando de razón, nada como tener la doble llave puesta, por si las moscas, por si las dudas, por si los sueños.

Porque uno se va a dormir y la caga. Uno empieza a soñar y es fijo que la puerta no abre, o que al abrir, la casa ya no es la casa, la mujer ya no es la mujer, los niños son otros y son de otro. El perro nos muerde en sueños aunque no haya razón, porque para que no nos muerda somos nobles y buenos con él cuando despiertos. Le damos de comer, incluso comida de gente, le sobamos el lomo y la panza aunque esté pulguiento, aunque esté cochino, como están cochinos los perros que son perros y no decoraciones de sala de tía. Pero entonces, abrimos la puerta en sueños y en el sueño nuestro perrito de siempre se convierte en Cujo y nos devora, porque esa casa que razonablemente es nuestra pierde su estructura de razón y se vuelve loca, se vuelve dueña de sí misma, y de nosotros también.

Las casas y los perros se vengan de nuestra razón en el sueño, se revelan monstruosos al transformarse en espejos de nuestra propia monstruosidad y nos muestran en dónde podemos meternos la razón con la que nos decimos que esto es nuestra casa y que aquello es nuestro perro. Porque ni la casa ni el perro, siendo verdaderamente razonables, nos pertenecen, y eso lo sabemos cada vez que botamos las llaves, cada vez que, borrachos, seguimos de largo e intentamos infructuosamente abrir, de madrugada, la puerta del vecino que, razonablemente, se parece a la nuestra pero, razonablemente también, no abre.

Entonces la razón, o sea el abrir la puerta y el sobar al perro confianzudamente, se extienden a todas las demás cosas, porque la jurisdicción de nuestra razón no se limita a puertas o a perros, sino que se extiende al termostato de la nevera que debe estar en 3, o al televisor recién cambiado sólo por el gusto de controlar cada vez más cosas con un solo control, y porque uno quiere ver con más claridad, definición le dicen ahora, los menús de opciones que con razón nos sabemos, teniendo en cuenta que hemos practicado consistentemente el ritual de ir de los settings generales hasta el control de imagen donde encontramos el brillo y el contraste y sabemos que el ajuste correcto es de 47–63. La razón de ser de esos ajustes es tan natural que no vale la pena preguntarnos por ella.

Y por eso nos cagamos cuando el televisor se apaga solo, cuando la licuadora se prende sola, cuando en la brisa monótona del ventilador percibimos las huellas de una voluntad no sumisa a nuestra razón.

Hemos convertido la vida en una serie de razones que usamos como un set de interruptores obedientes al tacto. Y cuando esos interruptores se nos revelan rebeldes, solo nos queda cagarnos encima al saber que no hay casa, ni perro, ni televisor que nos salve de la falta absoluta de razón que espera agazapada tras la comodidad de nuestros días.

Afortunadamente hay guaro para olvidarnos de todo, para mandar todo a la mierda, para no ser más que monstruos festejando y cagándonos una exposición de Gabriel Mejía.

Víctor Albarracín Llanos


Gabriel Mejía Abad

Nace en 1978 en Medellín, Colombia. Vive y trabaja en Bogotá.

Entre sus exposiciones recientes se cuentan El sueño de la razón produce monstruos (individual), MIAMI, Bogotá 2014; Retrato de familia. Catalejo 2, Museo de Artes Visuales Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá 2014; La desilusión de la certeza o la ilusión de la incertidumbre, Pabellón Artecámara, ArtBo, Bogotá 2013.

Ex-integrante de los espacios independientes MIAMI y El Bodegón, ha escrito para revistas como Vice Colombia, Sablazo y Arcadia, y colaborado en publicaciones independientes como Matera, Sobre el fracaso y Tropical Porn, entre muchas otras. En 2013 publicó el libro Sobre el amor en Caín Press, Bogotá.


Exposición: El sueño de la razón produce monstruos
Artista: Gabriel Mejía Abad
Curador: Juan Sebastián Ramírez
Fechas: Noviembre 28 a diciembre 20, 2014

Lugar: (bis) | oficina de proyectos
Dirección: Calle 23 Norte # 6AN-17, oficina 412
Ciudad: Cali, Colombia

Horario:
Lunes – martes / con cita previa
Miércoles – jueves – viernes / 2:00 PM a 7:00 PM
Sábado / con cita previa


* Todas las fotografías y videos por Lina Rodríguez Vásquez.